En qué me afecta el empadronamiento

El empadronamiento es un trámite obligatorio, que puede tener consecuencias fiscales en algunos casos. ¿Sabes qué puede pasar por ejemplo si empadronas a un amigo en casa? Te lo explicamos todo, ¡pon atención!
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Empadronarse en aquella ciudad en la que se pasa la mayor parte del año es un trámite obligatorio. Pero, ¿sabes en qué te afecta el empadronamiento? Te contamos las posibles repercusiones que el empadronamiento puede suponerte, a nivel fiscal.

1. ¿Tienen que coincidir el lugar del empadronamiento y el domicilio fiscal?

Una duda que asalta con frecuencia a los contribuyentes es si el domicilio fiscal (es decir, el que utiliza Hacienda para comunicarse con nosotros) y el del empadronamiento tienen que ser el mismo. Pues bien, lo cierto es que la ley no establece la obligación de que ambos domicilios coincidan

No obstante, lo normal sería que sí lo hicieran. Sin embargo, también existen sentencias judiciales que confirman que ambos domicilios no tienen por qué ser el mismo.

El domicilio fiscal y el del empadronamiento no tienen por qué coincidir, aunque lo normal es que lo hagan.

Por otro lado, si se lee con detenimiento la Ley del IRPF, sí se puede interpretar que ambos domicilios deberían coincidir. Esta Ley considera que el domicilio fiscal es el lugar donde se puede localizar al obligado tributario en sus relaciones con la Administración Tributaria. En el caso de las personas físicas, será su residencia habitual.

Como es lógico, en principio la residencia habitual es el sitio donde la persona se encuentra empadronada. La cuestión es que la Ley de Empadronamiento obliga a empadronarse en aquel municipio en el que se resida. Si existen varios, en el que se pase más tiempo. Por esto ambos domicilios, el fiscal y el del empadronamiento, suelen coincidir. Pero no existe realmente una obligación legal de que lo hagan.

2. ¿En qué me afecta el empadronamiento para la Declaración de la Renta?

Hacienda considera que se puede deducir por el concepto de vivienda habitual cuando se cumplan los siguientes requisitos:

  • Que sea la residencia del contribuyente durante al menos tres años. Existen determinadas excepciones, como aquellas circunstancias que exigen un cambio de domicilio (el matrimonio, el divorcio, motivos laborales, etc.).
  • Que el contribuyente la habite, de forma efectiva y permanente, en un plazo que no puede ser superior a doce meses. Este plazo comienza a contarse desde que la vivienda se adquirió, o desde que se terminaron las obras. En este caso también hay algunas excepciones, que suelen coincidir con las que se aplican al requisito anterior.
  • A efectos de deducción por vivienda habitual, se asimilan las plazas de garaje que se adquieran en conjunto con la vivienda, con un plazo máximo de dos, siempre que:
    • Estén en el mismo edificio o complejo.
    • Sean entregadas en el mismo momento que la vivienda.
    • Su adquisición se haga en el mismo acto que la vivienda.
    • Se utilicen por el adquirente, que no habrá cedido su uso.

Esto no significa que hasta que no se cumpla con ese plazo de 3 años no se pueda desgravar por la vivienda, ni se pueda considerar la residencia habitual. Lo que quiere decir es que si se abandona dicha vivienda antes de ese tiempo, y se ha deducido por ella, habrá que devolver esa deducción.

¿Cómo demuestro que mi casa es realmente mi vivienda habitual?

La cuestión es poder demostrar a Hacienda que una casa es realmente la vivienda habitual. El padrón municipal no es el único medio para acreditar cuál es la vivienda habitual, ya que existen otros medios también reconocidos por la Ley.

Pero sí resulta totalmente necesario poder demostrar que dicha vivienda en efecto es la habitual del contribuyente, ya que tan solo en ese caso se puede deducir por ella. Hay que acreditar que se cumplen con los requisitos que marca la Ley para poder practicar esas deducciones.

Pues bien, aunque el domicilio fiscal y el del empadronamiento no tienen por qué ser el mismo, lo cierto es que Hacienda suele reclamar el padrón para comprobar que se trata del domicilio habitual. Raramente admite otro tipo de medios, aunque la Ley lo permita. A menos que con esos medios se pueda demostrar, de forma inequívoca, la habitualidad del domicilio.

3. ¿Qué ocurre si empadrono a alguien en casa?

En principio, empadronar a alguien en tu propia vivienda no debería tener ninguna consecuencia a nivel fiscal. No obstante, sí hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Una cosa es empadronar a alguien en la misma casa en la que vives, y otra en una vivienda que tienes vacía. En este último caso, en algunas Comunidades Autónomas te ahorrarás algo en el IBI de esa vivienda, ya que en algunas regiones se cobra recargo por tener una casa vacía. Eso sí, debes empadronarla como unidad familiar independiente, para que sus ingresos no se computen con los tuyos por ejemplo a la hora de pedir una ayuda pública.
  • Por otro lado, debes saber que si empadronas a alguien en una vivienda de tu propiedad, asumes un cierto riesgo. En Hacienda pueden entender que si tienes a esa persona en casa, es porque le estás cobrando un alquiler. En ese caso la Agencia Tributaria entiende que hay que imputar una renta a esa persona, y si se está deduciendo, habría que reducir dicha deducción en la parte que corresponda a la persona que se ha empadronado en casa.

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